
Con motivo del 15 de mayo, Día Internacional de las Familias, conviene recordar una realidad evidente, aunque no parece haber llegado todavía a determinados despachos: las familias han cambiado, la sociedad ha cambiado y las necesidades de conciliación también… lo que permanece admirablemente inalterable es el Plan Concilia y, sobre todo, la ausencia de voluntad para sentarse a actualizarlo; hasta la fecha al menos esta ausencia de negociación es otra realidad evidente.
Mientras la realidad avanza, la negociación sigue instalada en una especie de Día de la Marmota de “Atrapado en el tiempo”, como si conciliar fuera una moda anclada en el pasado y no una necesidad diaria para miles de empleadas y empleados públicos. Ni revisión ni convocatoria de mesa ni adaptación formal a la legislación vigente, ni siquiera la oportunidad de trasladar formalmente propuestas que permitan adaptar el Plan a las necesidades actuales. Una inmovilidad normativa digna de estudio… aunque no precisamente de aplauso.
Y es que son numerosas las mejoras de las que es claramente susceptible el Plan Concilia. Hoy ponemos el foco en una de ellas, por la evidente necesidad de adaptación a la realidad familiar actual que comporta: la ampliación del permiso por lactancia en las familias monoparentales. Aunque son muchas más cuya aplicabilidad resulta tan necesaria como manifiesta.
Familias monoparentales: igualdad real también en el permiso de lactancia
El actual Plan Concilia de la JCCM, configura el derecho al permiso por lactancia (apartado 2.8), desde una lógica pensada esencialmente para unidades familiares con dos progenitores/as, de modo que produce en la práctica una situación de desigualdad objetiva respecto de las familias monoparentales.
Las familias monoparentales no son una excepción estadística: constituyen una realidad social creciente y plenamente consolidada. Sin embargo, las personas menores nacidas o integradas en estas unidades familiares se encuentran en una posición de desventaja respecto de quienes han nacido en el seno de familias con dos progenitores/as.
La diferencia es sencilla de entender: en una familia biparental pueden generarse dos derechos individuales de permiso por lactancia; en una familia monoparental, solo uno.
No resulta razonable ni justo que una persona recién nacida pueda disponer de dos meses de cuidado vinculados al permiso de lactancia cuando existen dos progenitores/as, y únicamente de uno cuando solo cuenta con una persona progenitora que asume en solitario toda la crianza diaria.
Además, el denominado permiso “de lactancia” no responde exclusivamente al hecho biológico de amamantar, sino que constituye en realidad un tiempo de cuidado del lactante, atención directa, vínculo y conciliación durante sus primeros meses de vida. Prueba de ello es que, en las familias biparentales, el permiso se disfruta también por quien no amamanta al bebé, precisamente porque su finalidad real es garantizar el cuidado, la alimentación y la atención del bebé y no únicamente la lactancia materna.
Esta diferencia de trato repercute directamente en el tiempo efectivo de cuidado que recibe la persona menor durante sus primeros meses de vida, precisamente en una etapa especialmente sensible para su desarrollo. Desde una perspectiva de igualdad y protección a la infancia, resulta injustificable que la configuración familiar determine una menor disponibilidad de tiempo de cuidado o una peor posición para quien asume en solitario todas las responsabilidades de crianza.
No hablamos de privilegios. Hablamos de igualdad. De ahí que demandemos:
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La ampliación del permiso por lactancia en el caso de familias monoparentales, de modo que puedan acumular o disfrutar el equivalente al total del permiso que correspondería a ambos progenitores en una familia biparental.
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El reconocimiento expreso de esta ampliación en el texto del Plan Concilia, garantizando seguridad jurídica y evitando interpretaciones restrictivas.
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La adecuación del Plan a la realidad social actual, incorporando una perspectiva de igualdad efectiva que tenga en cuenta la diversidad de modelos familiares.
Urge retomar la negociación del Plan Concilia
Pero esta reivindicación no puede analizarse de manera aislada. El Plan Concilia lleva tiempo necesitando una revisión profunda y actualizada. Son numerosas las propuestas de mejora que ya han sido planteadas en anteriores ocasiones en el ámbito de la negociación colectiva y que continúan bloqueadas ante la falta de convocatoria de la mesa correspondiente.
Resulta imprescindible retomar de manera inmediata la negociación del Plan Concilia, abriendo un proceso real de diálogo que permita:
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Actualizar los permisos y medidas de conciliación a la realidad social
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Corregir situaciones de desigualdad detectadas en su aplicación práctica.
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Incorporar avances que redunden en una mejora sustantiva de la conciliación laboral y familiar del personal empleado público.
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Garantizar derechos que aún dependen más de la interpretación que de la norma
Por todo ello, exigimos la convocatoria urgente de la mesa de negociación del Plan Concilia, como paso imprescindible para avanzar hacia un modelo más justo, equitativo y adaptado a la realidad actual.
La conciliación no puede quedar congelada en el tiempo mientras evolucionan las necesidades sociales y familiares del personal empleado público. La Administración debe asumir su responsabilidad en la promoción de la igualdad, la protección de la infancia y la mejora efectiva de las condiciones laborales.
Conciliar no es un privilegio: es un derecho.
S T A S
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