Día Internacional contra la mutilación genital femenina
En 2012 la Asamblea General de NU designa el 6 de febrero como el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, con el objetivo de ampliar los esfuerzos internacionales para el abandono de la práctica. La Asamblea hizo una llamada a los estados y sociedad civil para seguir celebrando ese día intensificando las campañas de concienciación.
Este día de lucha tiene su antecedente en el 6 de febrero de 2003, cuando Stella Obasanjo, primera dama de Nigeria y portavoz de una campaña contra la práctica, realizó una declaración oficial sobre “Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina” en África, durante la conferencia liderada por el Comité Interafricano en Prácticas Tradicionales que afectan a la Salud de Mujeres y Niñas.
La mutilación genital femenina comprende todos los procedimientos consistentes en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones causadas a los órganos genitales femeninos por motivos no médicos. Esta práctica no brinda ningún beneficio para la salud y puede causar hemorragias graves, problemas urinarios y, a largo plazo, quistes, dificultades menstruales, infecciones, complicaciones en el parto y un mayor riesgo de mortalidad neonatal.
La práctica de la mutilación genital femenina casi siempre se practica a menores, en algún momento entre la lactancia y los 15 años. Está considerada internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres y las niñas, refleja una desigualdad entre los sexos muy arraigada, y constituye una forma extrema de discriminación. Además, viola los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba provocando la muerte. En muchos lugares, hay datos que indican que los trabajadores de la salud están realizando esta práctica de forma creciente debido a la creencia errónea de que es más segura si se realiza en condiciones medicalizadas.
La OMS insta encarecidamente a estos trabajadores a que no practiquen la mutilación genital femenina y ha elaborado una estrategia mundial y materiales específicos para prestar apoyo al sector y a los trabajadores de la salud con objeto de poner fin a la medicalización de esta práctica.
Según la información obtenida en 30 países donde se realiza esta práctica de las regiones occidental, oriental y nororiental de África, y en algunos países del Oriente Medio y Asia, más de 300 millones de niñas y mujeres vivas en la actualidad la han sufrido, y se calcula que más de 4 millones de niñas corren el riesgo de ser sometidas a ella cada año. En consecuencia, es motivo de preocupación en todo el mundo.
Factores de orden cultural y social son los que llevan a practicar la mutilación genital femenina. Los motivos por los que se practica difieren en función de la región y la época, y responden a una mezcla de factores socioculturales enraizados en las familias o las comunidades. Allí donde es una convención o norma social, la presión de la sociedad para que el individuo obre como lo hacen y lo han venido haciendo los demás, así como la necesidad de aceptación social y el temor al rechazo de la comunidad, constituyen poderosas motivaciones para perpetuar esta práctica. La mutilación genital femenina se considera a menudo parte necesaria de la crianza de la niña y una forma de prepararla para la vida adulta y el matrimonio, que puede incluir el control de su sexualidad para asegurarse de su virginidad antes del matrimonio y su fidelidad después de él.
Aunque no hay textos sagrados que prescriban la mutilación genital femenina, hay quienes creen que hay una motivación religiosa. Los líderes religiosos adoptan diferentes posiciones con respecto a esta práctica y algunos de ellos están contribuyendo a que se abandone.
Se trata, por tanto, de un problema que trasciende el marco puramente asistencial. En él, confluyen la vulneración de derechos humanos, la necesidad de un abordaje intercultural de cuestiones ligadas a la intimidad e identidad de las personas, y el compromiso moral de evitar prácticas tradicionales que implican un trato discriminatorio, violento, degradante y doloroso de las mujeres.
Además, con los movimientos migratorios, lo que un día fue local, hoy es global, y la práctica está en diáspora a nivel mundial (Europa, Estados Unidos de América, Australia, entre otros). El peso demográfico de la población migrante subsahariana en España, con altas tasas de masculinidad, propicia a las reagrupaciones familiares, unidas a una elevada tasa de fecundidad de las mujeres africanas, augura un fuerte incremento en nuestras consultas y escuelas, de niñas en riesgo de ser sometidas a una MGF. Para los y las profesionales de atención primaria, esto ha supuesto descubrir realidades culturales diferentes y afrontar nuevos retos asistenciales, en el marco de complejos procesos de aculturación e integración social.
Desde la Organización de Mujeres queremos denunciar que esta violación de los derechos humanos no tiene cabida en el siglo XXI. Es hora de actuar.
Mediante la meta, incluida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de eliminar las prácticas nocivas, la Comunidad Internacional se ha comprometido a erradicar la mutilación genital femenina para 2030. Sin embargo, para alcanzar esta meta, el progreso debe ser 27 veces más rápido que el de la última década. Esto exige una acción urgente y concertada a una escala sin precedentes.
A tal efecto, es preciso hacer partícipes a las comunidades y las organizaciones locales y trabajar con los líderes tradicionales y religiosos y los dirigentes políticos, formar a los profesionales de la salud y concienciar acerca de los perjuicios de esta práctica. Reforzar las alianzas entre líderes, organizaciones comunitarias y sectores —como el de la salud, la educación y la protección social—, así como continuar defendiendo ininterrumpidamente los derechos y ampliar los movimientos sociales, poniendo a las niñas y las sobrevivientes en el centro. Sigue resultando imprescindible apoyar a las supervivientes de la mutilación genital femenina. Muchas sufren efectos físicos y psicológicos a largo plazo y requieren atención médica y psicológica integral para sanar las heridas infligidas por esta nociva práctica.
Por todo ello, desde la OM reclamamos una mayor rendición de cuentas a todos los niveles, para garantizar que se respeten los compromisos con los derechos humanos y que se apliquen políticas y estrategias para proteger a las niñas en situación de riesgo y proporcionar atención —incluidos servicios jurídicos— a las sobrevivientes. También exigimos mayor inversión para ampliar aquellas intervenciones cuya eficacia ya ha sido demostrada.
Todas las personas tenemos un papel que desempeñar a la hora de garantizar que todas las niñas estén protegidas y puedan vivir sin sufrir daños. Aceleremos el ritmo y actuemos de forma urgente. Ha llegado el momento de acabar con la mutilación genital femenina.
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