
La Historia interminable fue una película de 1984 en la que un niño, tras abrir un libro aparentemente inofensivo, acababa viviendo una aventura capaz de salvar todo un mundo. La negociación del IX Convenio Colectivo del Personal Laboral de la JCCM, en cambio, no ha salvado nada, ni ha transformado gran cosa, aunque sí ha cumplido con creces su condición de interminable: más de cuatro años de negociación para llegar a un resultado que cuesta distinguir del punto de partida.
Su negociación está siendo, efectivamente, una historia interminable: más de cuatro años de un proceso pesado, tedioso, frustrante y desmoralizante, en el que la Administración no acepta avances ni mejoras sustanciales. Ahora pretende cerrar esta negociación interminable y sin avances el próximo día 23 de febrero —una fecha curiosa— convocando a la Comisión Negociadora y solicitando el posicionamiento de cada sindicato sobre la firma o no del convenio.
Desde STAS estamos impulsando y proponiendo la creación de un frente sindical para concretar una serie de temas o reivindicaciones conjuntas y plantear, entre todos, a la Administración la necesidad de que acepte esas mejoras, de manera que podamos valorar la firma del convenio colectivo.
Entre esas reivindicaciones o posibles avances finales se incluyen cuestiones que no suponen coste económico, como la posibilidad de participar en un proceso interno (por no llamarlo promoción interna) en categorías de un grupo inferior. Otras cuestan muy poco dinero y son absolutamente necesarias, como acabar de una vez con la discriminación derivada de la existencia de unos 50 puestos de trabajo fijos-discontinuos; garantizar el pago de las horas nocturnas y festivas en los casos de bajas y vacaciones, algo ya avalado por una sentencia del Tribunal Supremo; iniciar la recuperación del programa de acción social; y, sobre todo, garantizar la cobertura urgente de necesidades, bajas y vacantes, medida respaldada además por una resolución de la Inspección de Trabajo.
Se produzca o no finalmente ese frente común, como organización sindical debemos ir preparándonos para el día 23 y decidir nuestro posicionamiento respecto al convenio colectivo. Esa decisión debe ser tomada por la afiliación de forma democrática y asamblearia: tenemos que decidir si firmamos o no el convenio colectivo.
En estos momentos parece que existen tantas razones para firmarlo como para no hacerlo. Entre los argumentos a favor de la firma se puede señalar que hay algunos avances, que no se produce ningún retroceso y que, previsiblemente, otros sindicatos sí lo firmarán. En el lado contrario, el principal argumento para no firmar es que, tras cuatro años de negociación, los avances son tan escasos y tímidos que no se van a notar en la práctica ni van a resolver ninguno de los problemas que padecemos.
Entre los cambios o pequeños avances alcanzados se pueden citar los siguientes:
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Tras la toma de posesión de un puesto de trabajo en un proceso selectivo, desaparece el requisito de dejar una carga de vacantes para poder participar en el concurso de traslados.
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Para participar en promoción interna, el requisito deja de ser la antigüedad en la categoría y pasa a ser la antigüedad en el grupo.
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Los gastos de desplazamiento para realizar un reconocimiento médico correrán a cargo de la Administración.
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El CPT se incluirá para el cálculo del valor horario.
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En los CPT que se puedan reconocer se incluirán las retribuciones variables.
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En los casos de supresión de un puesto de trabajo se unifican los artículos 16 y 48 en uno solo, evitando que la Administración pueda aplicar uno u otro de forma arbitraria, como hasta ahora.
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Aumentan las garantías de permanencia en la misma localidad del personal cuyo puesto de trabajo sea suprimido.
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En caso de revisión de una incapacidad y rescisión del contrato de trabajo, el personal podrá volver a ocupar un puesto mediante el concurso de traslados.
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Se produce una leve mejora de los derechos de formación del personal.
Estos pequeños avances nos resultan claramente insuficientes. No resuelven problemas diarios ni cuestiones importantes que sufrimos, y después de cuatro años de negociación transmiten la sensación de que ha sido un proceso y un tiempo perdidos. Todo lo contrario a lo que ocurre al final de la película a la que hacíamos referencia, donde el protagonista logra reconstruir y salvar el mundo de Fantasía y, montado en un dragón, regresa al mundo real para castigar a quienes ejercen el acoso.
Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras de Administración y Servicios de Castilla-La Mancha
Miembro de La Intersindical
Sin subvenciones
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