🌹 MESA SECTORIAL | Maldita Dulzura
Me hablas de ruina y espina
Me clavas el polvo en la herida
Me culpas de las alturas
Que ves desde tus zapatos
(Vetusta Morla)
En una reciente entrevista, Iñaki Gabilondo (Donostia, 1942) decía que “hacerse viejo tiene bastante buena fama, es decir, la gente cree que lo que dicen las personas mayores es sabiduría y a veces es cansancio o escepticismo. He perdido la capacidad de asombro, porque he perdido la capacidad de todo, pero es cansancio, no es haber llegado a estado de sabiduría superior”.
También estaba cansada Morla, la tortuga sabia de La historia interminable (Wolfgang Petersen, 1984), cuando Atreyu fue a pedirle ayuda para salvar Fantasía. Sin embargo, y pese a su agotamiento, la vieja tortuga le brinda una masterclass sobre la vida al joven guerrero: “La sabiduría no es saber, es entender”; “la Nada es un vacío que se llena con la Imaginación”.
Para completar el trío, recurrimos a los cinco jóvenes que se inspiraron en la tortuga ancestral, para poner nombre a una mítica banda española, conocida por sus letras poéticas y emocionales: Vetusta Morla. Una de sus canciones más icónicas es “Maldita Dulzura” (Mapas, 2011), una reflexión sobre la comunicación fallida y la forma en que la dulzura puede convertirse en una trampa que nos impide ver y enfrentar la realidad.
Bienvenidas y bienvenidos a la maldita crónica de la Mesa Sectorial del 10 de febrero de 2026: una reunión agotadora que duró dos días para modificar tres tristes comas en más de cien folios, en una modificación de RPT que afecta a seis Consejerías y a la Orden de guardias del personal de emergencias. A eso lo llaman negociación.
Maldita soberbia
Malditas las palabras huecas que intentan ocultar la verdad; malditas las rosquillas que nos sonríen sin parar; y maldita sea la hora que dijimos: “José Narváez Vila, cuando sale del personaje, nos parece una persona entrañable”. Porque fue volver a sentarnos en una Mesa de negociación, o lo que sea, con el Director General de la Función Pública, todo un personaje, y tener que soportar su versión más indigna e infame.
Con sed de revancha, pretendió desquitarse de su actuación anterior mostrando vigor físico y agilidad mental, con autocrítica cero. Y, claro: a mismos errores, mismo resultado, pero más amplificado. Acabó mostrando su incapacidad para el cargo, comportándose como un déspota arrinconado ante su propia realidad: sus mejores días en política ya pasaron y su proyecto está agotado. Imagina la escena: El rey Agamenón (Narváez con corona) discutiendo con Aquiles (Brad Pitt con 40 años, mmmm) en Troya (Wolfgang Petersen, 2004).
Maldita farsa
Es muy frustrante preparar concienzudamente una Mesa de semejante calibre y observar, nada más atravesar el umbral de la sala, que la reunión va a ser una parodia: Narváez rodeado de jefas y jefes de servicio, cuyos asentimientos pesan más que los argumentos, con la única presencia del Secretario General de Fomento, Daniel Corredor Román, joven y disfrutón.
La ausencia de Macarena Saiz Ramos, Secretaria General de Hacienda; de José Manuel Almeida Gordillo, DG de Recursos Humanos de Educación; de María del Carmen Martín Sánchez, SG de Desarrollo Sostenible; de Inmaculada Gutiérrez Ramírez, SG de Sanidad; y de Emilio Puig Cabello, DG de Protección Ciudadana, abría dos hipótesis igualmente plausibles:
a) que se estuviera produciendo un levantamiento silencioso de las Consejerías frente a la tiranía de Narváez y Perlines.
b) que fueran plenamente conscientes de que el margen de negociación era cero y tuvieran, sencillamente, cosas mejores que hacer.
Maldita Judas
Ante tan inmenso vacío, preguntamos quién negociaba por las Consejerías y Narváez respondió que él mismo. Pero sus propios gregarios le negaron tres veces antes de que cantara el gallo, como Judas (8,5% vol. de alcohol).
La primera fue un despiste. Preguntamos al jefe de personal de Hacienda cómo iba el refuerzo de las plazas de inspección del juego, tres para toda la región, y dijo, sin pensar, que no podía responder porque no estaba ni la Secretaria General ni la Directora General.
La segunda fue cómica. Educación presenta una redistribución de efectivos en los IES, con una mesa técnica sobre ratios abierta, y, ante la evidencia de la chapuza, la asesora técnica docente al mando salió de la reunión para llamar por teléfono a la Consejería. Cuando volvió, retiró el punto.
La tercera, evidente. Pedimos al jefe de servicio de emergencias que fuera sincero y nos dijera el margen de negociación que tenía para modificar la Orden de guardias: miró a Narváez, que movió los ojos de izquierda a derecha, y se recostó en la silla a capear el temporal; no se cambió ni una coma.
Maldita memoria
El esperpento alcanzó su perfección en el acta de la reunión anterior, donde la administración decidió que la memoria es un concepto flexible. Nuestras intervenciones fueron elegantemente borradas con el argumento de que el paso del tiempo impide contrastar si realmente existieron. Resulta curioso, porque ese mismo paso del tiempo no afectó en absoluto a las intervenciones del Director General, que aparecen recogidas con todo lujo de detalles, eso sí, convenientemente maquilladas, pulidas y desprovistas de cualquier aspereza.
Sin embargo, el artículo 18 de la Ley 40/2015, de Régimen Jurídico del Sector Público, es bastante menos creativo. El acta debe reflejar los puntos principales de las deliberaciones y el contenido de los acuerdos adoptados, no una versión embellecida de unas y una amnesia selectiva de otras. También recoge la posibilidad de que se graben las sesiones que celebre el órgano colegiado, pero, claro, eso dejaría constancia de las charlotadas que nos sueltan.
¡Dirty STAS!
Si te parece poco, no te pierdas el remate. Porque cuando estábamos desmontando un argumentario torticero recogido en una propuesta de la administración, con datos rigurosos enviados desde un centro de trabajo, a Narváez no se le ocurre otra cosa que decir: “tomamos nota de que un funcionario está dando información que no se puede dar. Daremos cuenta a los responsables”.
Que un Director General anuncie que va a perseguir a quién facilite información a los sindicatos implica, éticamente, negar la dignidad profesional de las funcionarias y funcionarios al tratarlos como súbditos y no como sujetos de derechos; jurídicamente, constituye un ataque frontal a la libertad sindical y al derecho a la acción sindical (art. 28.1 CE y Ley Orgánica de Libertad Sindical), vulnerando el derecho a la información y a la representación colectiva; y políticamente, transmite una imagen aberrante de un gobierno que se dice socialista y obrero, por muy Emilianista que sea. Imagina la escena: Hans Landa interrogando a Shosanna Dreyfus sirviéndole un strudel con crema y leche en Malditos Bastardos (Quentin Tarantino, 2009).
VIVA ALDO “EL APACHE” RAINE
Y LA FUNCIÓN PÚBLICA
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