Entrañable: íntimo, muy afectuoso   

 

Cuando Marco Tulio Cicerón, orador y político romano, cumplió los sesenta años (de la época) y perdió su rol central en la política romana, tras oponerse a la dictadura de Julio César, tuvo que retirarse a su casa de campo condenado al ostracismo. Lejos de darse al alcohol o suicidarse, como su amigo Catón el Joven, Cicerón optó por volcarse en la escritura, plasmando los conceptos estoicos de virtud y dignidad, en una serie de tratados sobre el gobierno, la ética, la amistad y la obligación moral. Uno de esos tratados se titula De senectute, aportando lecciones muy valiosas sobre “El arte de envejecer” (editorial Koan). Son todas ideas interesantes y enriquecedoras, salvo que el sexo está sobrevalorado, pero la última tiene una especial trascendencia en estos momentos: “La vida es como una obra de teatro y un buen actor sabe cuándo abandonar la escena. Aferrarse desesperadamente a una vida que se acerca a su fin es tan inútil como insensato”. Vale para la vida y vale para la política: valía para Biden, valía para de la Fuente, vale para Narváez y vale para Trump.

Bienvenidas y bienvenidos a la crónica, con perspectiva histórica, de la Comisión Negociadora del IX Convenio Colectivo del personal laboral de la Junta, convocada el 26 de enero de 2026.

 

  • Do you remember?

¿Te acuerdas de Juan Manuel de la Fuente? Fue un inefable Director General de la Función Pública en la época de Cospedal. Rescatado de su plácida jubilación fue nombrado, como él mismo reconoció, por su amistad personal con el entonces Consejero de Presidencia y Administraciones Públicas, Leandro Esteban. Como Director General fue responsable directo de Dolorosos recortes en los servicios públicos, denigrando la negociación colectiva y despreciando a los sindicatos, lo que le causó innumerables derrotas judiciales por vulneración de principios fundamentales, tras actuaciones tan memorables como grotescas. La degradación llegó a tal punto que hubo un momento en el que ni siquiera asistía a las mesas, dejando esa labor a su flamante Jefe de Área N30 de nueva creación (saben aquel que diu…), cuya capacidad de decisión no iba más allá de dar formalidad al paripé. Una decrepitud que reflejaba la importancia que le daba a la Función Pública la emperatriz de los mil Dolores; así le fue.

Esto no impidió que de la Fuente firmara el VII Convenio Colectivo, con el voto a favor de CC.OO, UGT y CSIF, y con el voto en contra de STAS (por primera vez en la historia de la Junta un sindicato no firmaba, con todo lo que eso conlleva). El bochornoso acuerdo se fraguó bajo el pretexto de que se mantenía y aseguraba la fijeza del Personal Laboral, supuestamente amenazada por la reforma laboral de Rajoy, al cuestionarse la ultraactividad de los convenios colectivos. Una falacia, para justificar la firma de los innumerables recortes, que quedó retratada apenas una semana después de la firma, en un fallo de la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional: “en tanto no se produzca la entrada en vigor del nuevo convenio colectivo que haya de sustituir, el contenido normativo permanece vigente”. Miedo, mentiras y cintas de vídeo.

 

  • El pulso

La negociación del VIII Convenio Colectivo, ya con Emilianus en el gobierno y con Narváez soplando 60 velas, no fue nada sencilla; estuvimos dos años y medio apretando fuerte para garantizar los derechos del personal laboral, hasta alcanzar un Convenio mejorable, pero aceptable. En la (pen) última reunión, llegó una jugada sucia y rastrera orquestada entre las altas esferas del gobierno y de la aristocracia obrera, que quería apropiarse en exclusiva de los avances, intentando dejar fuera del acuerdo a STAS, por plantarnos en el anterior convenio y por apretar hasta el final en este, junto con CSIF y UGT; obligando a ceder a la administración y poniendo en entredicho el preacuerdo alcanzado en mesa camilla con Comisiones Obreras, el primero en bajar los brazos.

La jugadita consistió en cerrar la negociación abruptamente, puñaladita por la espalda de UGT mediante, obligando a fijar la posición final ese mismo día, sin dar opción a consultar a nuestra afiliación; algo ilegal en un sindicato asambleario como STAS, cuya consulta viene recogida expresamente en los Estatutos, y antidemocrático en cualquier caso, al intentar excluir del acuerdo a una formación sindical vulnerando los derechos fundamentales de libertad sindical y negociación colectiva. Finalmente, ganamos el pulso y el 18 de octubre de 2017 nuestra compañera M.ª Teresa López Illán firmaba el VIII Convenio Colectivo del personal laboral de la Junta.

 

  • El nudo

De esta manera, 22 siglos y 764 palabras después, llegamos al nudo gordiano de la negociación del IX Convenio Colectivo. Cuatro años, CUATRO, y 18 reuniones, DIECIOCHO, ha estado el gobierno mareando la perdiz para dar la primera vuelta al convenio (un repaso artículo por artículo), utilizando sistemáticamente la coletilla “ya veremos, lo tenemos que estudiar”, que lo mismo vale para postergar derechos que para dilatar adicciones. Hasta que el 17 de noviembre de 2025, Función Pública envío un documento con las propuestas que aceptaba y que rechazaba.

En la propuesta de la administración hay muchos cambios, sí, pero la inmensa mayoría no tienen la más mínima relevancia, ni van a suponer alguna mejora. Tampoco hay retrocesos, eso es verdad, pero los avances son tan tímidos que, después de estar cuatro años negociando un Convenio Colectivo, apenas tienen importancia o relevancia. Una posición compartida por todos los sindicatos, ¿por todos? Mmm, aparentemente sí, pero en la última reunión de la Comisión negociadora, convocada el 26 de enero de 2026, ya pudieron verse las primeras grietas.

 

  • Divide et impera.

El Director General de la Función Pública, Pepe Narváez, entraba a la mesa con aires de Julio César, sabedor de que ya estaba sembrada la semilla de la discordia. No tardó en regarla. Primer punto, primera fisura sindical: UGT pretende modificar el acta incluyendo comentarios tendenciosos. La administración se muestra a favor, incumpliendo el acuerdo establecido al inicio de la negociación, a propuesta suya, de no incluir los debates para aligerar el contenido de las actas. Voto en contra de la mayoría sindical, propuesta rechazada; caras de perro, Narváez sonríe.

Segundo punto, propuestas sindicales. Alterando el orden de intervención, basado en los resultados de las elecciones sindicales, Narváez da la palabra al sindicato con menos representación en la mesa, porque fue el primero que envió sus propuestas. La portavoz de UGT toma la palabra, centrando su intervención única y exclusivamente en el rechazo a la inclusión de titulación para el personal ATE, y en tono desafiante proclama que en UGT están “en contra de echar interinos”. Perdooooona, ¿insinúas que el resto estamos a favor? ¡Tangana sindical! Viendo el percal, Narváez se recuesta en la silla con una sonrisa de oreja a oreja, e interviene para echar más gasolina, retirando la propuesta de inclusión de la titulación, previamente acordada, porque no hay unanimidad sindical. Perdooooona, ¿el sindicato con menos representación tiene derecho a veto?, ¿STAS también puede hacerlo?, ¿cuál es el criterio en la negociación?, ¿a qué sindicato estuvo afiliado el Director General? ¿quo vadis, UGT?

 

  • El electómetro

La negociación del convenio colectivo para el personal laboral no funciona como una negociación en la mesa sectorial de personal funcionario, aunque a veces se le olvide a Narváez, donde la administración solo tiene obligación de tratar los temas, pero sin necesidad de llegar a un acuerdo. Para firmar el convenio, la administración necesita recabar el apoyo de una mayoría sindical: mucho más democrático. Esa mayoría quedó definida por los resultados de las elecciones sindicales de 2023 que dieron como resultado:

    • CC.OO. 108 delegadas/os (36,24%),

    • CSIF 83 delegadas/os (27,5%),

    • STAS 62 delegadas/os (20,81%),

    • UGT 45 delegadas/os (15,10 %),

    • otros (0,35%).

Una vez perfilado el apoyo de UGT, la administración tenía dos opciones; buscar el apoyo de CC.OO. y sumar 51,34%, o buscar el apoyo de CSIF y STAS alcanzando el 63,41%. ¿Y qué hizo Narváez? Pues engancharse con los tres sindicatos díscolos, mostrando el mayor de sus desprecios hacia una mayoría del 84,55%. ¡Olé!

 

  • El desparrame

Lo más previsible era que Narváez negara el pan y la sal a STAS y que, una vez descartada esa vía de acuerdo, tratara con desdén las demandas de CSIF, a la espera de que se sumaran a la mayoría por arrastre, como han hecho hasta ahora. Por eso fue tan desconcertante la tremenda trifulca que tuvo con la portavoz de Comisiones Obreras, a la que trató con una desconsideración inadmisible, sin dejarla hablar para exponer sus argumentos, con un tono ofensivo y totalmente inapropiado para un representante del gobierno regional. El desprecio llegó al punto de utilizar la estratagema del ninguneo: – no sé quién eres, tú te llamas Lola, ¿verdad? En fin, si a estas alturas no sabes quién es Lola Cachero, apaga y vámonos.

La tensión pasó factura a Narváez, sus energías se consumieron, sus reflejos menguaron y sus intervenciones se convirtieron en una especie de parodia de discurso de Donald Trump; una sarta de argumentos disparatados, llenos de delirios de grandeza, aderezados con un tono de Harry el sucio (Don Siegel, 1971), empuñando una Magnum “68”. Cuando se pone así, cada vez más a menudo, nos da hasta penilla. Luego pensamos en todas las maldades que ha hecho a la Función Pública y se nos pasa. Adivinad quién lleva el peso de la negociación, quién se lo lleva estudiado, con quién hay que debatir: la Jefa de Área y los jefes de servicio. Como con Juan Manuel.

 

  • El camino

Si Narváez pretendía dividirnos, lo único que consiguió es que saliéramos en hermandad sindical, como hace tiempo que no se veía en una mesa negociadora. Esto nos abre un camino a la unidad de acción que, sin ser fácil, como nada en esta Junta, se ha demostrado el más efectivo para conseguir derechos. Desde STAS proponemos a CC.OO, a CSIF y a UGT (si reflexiona), hacer lo que hemos hecho tantas veces; juntarnos en una mesa hasta que acordemos una propuesta conjunta y movilizarnos, en los centros y en la calle, hasta que el gobierno regional respete la negociación colectiva y al personal laboral de la Junta. ¡La Lucha es el camino!

 

  • Entrañables

Ah, por cierto, que nadie se llame a engaño, este artículo no tiene nada de personal. Igual que ponemos hacer una crítica feroz sobre la manifiesta incompetencia política del Director General de la Función Pública, podemos decir que José Narváez Vila, cuando sale del personaje, nos parece una persona entrañable; como Juan Manuel.

 

¡VIVA LA LUCHA
DEL PERSONAL LABORAL
DE LA JUNTA!

S T A S
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Gobierne quien gobierne

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