Castilla-La Mancha, 18 de febrero de 2026. Desde STAS-CLM denunciamos que mientras a nivel estatal se celebra la reducción de ratios como garantía de calidad educativa, el primer ciclo de Educación Infantil (0-3 años) ha sido ignorado por completo en esa mejora. Una vez más, la etapa más sensible del desarrollo queda fuera de las prioridades cuando se habla de calidad.
La ministra Milagros Tolón ha declarado que la bajada de ratios aumentará la calidad educativa. Sin embargo, esa bajada no contempla al 0-3. Y, por si la omisión no fuera suficiente, la Consejería de Educación, Cultura y Deporte de la Junta de Castilla-La Mancha ha decidido dar un paso más: aumentar el número de niños y niñas por aula en las 38 escuelas infantiles de titularidad autonómica mediante el Decreto de 17 de febrero de 2026.
Así, mientras en unas etapas se reduce para mejorar, en el primer ciclo se incrementa. Donde se habla de más atención individualizada, aquí se amplía el grupo. Donde se defiende calidad, aquí se ajustan cifras.
Tras la publicación del decreto, todo parece en orden: los metros cuadrados por criatura siguen “dando”. Y si la división sale exacta, lo demás —seguridad, atención individualizada, descanso, higiene, acompañamiento emocional— pasa a un segundo plano. La realidad del aula queda reducida a una operación matemática.
Conviene recordar que en un aula de 0-3 años se gatea, se corre, se tropieza, se cambian pañales, se da de comer, se acompaña el sueño y se gestionan emociones constantes y se educa. Pero nada de eso altera el plano técnico. Si caben en el esquema, caben en la realidad. Y si la ley marca un mínimo, aspirar a algo más parece innecesario.
También suponemos que se ha previsto que una sola profesional pueda multiplicarse cuando varias criaturas reclaman atención simultánea. Tal vez forme parte de esas competencias invisibles: desdoblarse sin previo aviso y mantener intacta la calidad educativa con más alumnado y los mismos recursos.
En cuanto al alumnado con necesidades educativas especiales, parece que los apoyos específicos pueden sustituirse —al menos sobre el papel— por una correcta distribución del espacio. Porque, al parecer, la inclusión también se mide en centímetros.
Las familias que ya manifestaban su preocupación por el hacinamiento difícilmente entenderán este aumento como una mejora. Las escuelas infantiles no son un almacén, aunque a veces las decisiones adoptadas se acerquen peligrosamente a esa lógica.
Desde STAS solo nos queda un pequeño deseo: que quienes diseñan estas medidas pasen dos o tres días solos en un aula con veinte criaturas que demandan cuidado, atención y vínculo constante. No por dramatizar, sino para comprobar en directo que, aunque los números cuadren, la realidad educativa exige algo más que una calculadora.
Usamos cookies para asegurar que te damos la mejor experiencia en nuestra web. Si continúas usando este sitio, asumiremos que estás de acuerdo con ello.Aceptar